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A los dos años de haber decidido ser fiel al Señor Jesucristo, Hugo Rojas me propuso proseguir esta obra del Dios verdadero, iniciada 38 años antes por el evangelista internacional Mr. Evert Pickartz, quien principalmente por su salud se vio impedido de continuarla, no sin antes hacer un llamado a quien fuera idóneo para continuarla.
Iniciamos sacando 40 ejemplares, exclusivamente para los lugares donde nos reuníamos y evangelizábamos; poco a poco fuimos ofreciéndola para las distintas congregaciones de la capital, luego para las de regiones y finalmente para las del extranjero. Contradictoriamente, el interés por recibirla no fue uniforme, y no puedo negar que en parte me pasó por la mente el pensamiento del apóstol [Hechos 13:46]. Con la convicción de compartir la palabra de vida con otros, comencé a distribuirla en donde se diera la oportunidad [Romanos 15:20-21], fue así como, por ejemplo, a mediados del año 2000 comencé a distribuirla en la sede universitaria donde estudiaba, hace más de un año se distribuye en 4 de sus 5 sedes en el país, también en congregaciones e instituciones, requiriéndose sobre 1500 ejemplares impresos. También tiene su sitio Web propio.
He procurado hacer cada vez mejor nuestra obra, desde su aspecto estético, hasta lo más importante: su contenido teológico; intentando aumentar su frecuencia de edición, cantidad de impresión y lugares de reparto. Sin afanarme, continuaré, con la ayuda de Dios, aspirando a una Revista perfecta.
Han habido muchas desmotivaciones. Al inicio consideraba que mi conocimiento era muy poco, pero eso acabó cuando entendí que hay que compartir con otros lo que uno sabe [Romanos 10:14-15], pues siempre se estará aprendiendo. También la falta de atención a la lectura de LCC fue desmotivante, pero eso también acabó cuando comprendí que mi responsabilidad era transmitir el mensaje de vida y no volverlo a recibir [2 Tesalonicenses 1:8], ya que el mensaje de Dios debe ser predicado aunque nadie quiera escucharlo [Ezequiel 2:7; 3:7,11]. Como las anteriores, han habido muchas otras circunstancias que me incentivaron a renunciar; sin embargo, un motivo fue y es más que suficiente para continuar dirigiendo LCC, ese motivo fue y es “el Dios viviente y su Hijo Jesucristo”.
Por naturaleza el ser humano es bueno para pedir a Dios, lamentablemente no todos los son para devolver, a veces hay quienes sólo se quedan en las canciones y oraciones, sin llegar a las acciones. Muchos llegan al conocimiento de “la verdad” y olvidan que hay un mundo ignorante de la voluntad de Dios que necesita la salvación del alma. Cabe cuestionarse a aquellos que no son capaces de apartar un tiempo para honrar a Dios aquí en la tierra en forma temporal, si podrán hacerlo eternamente en el cielo; es difícil pensar que sí. En general las denominaciones cristianas acercan al hombre a Dios, pero llegar a Dios es un paso personal, ninguna denominación puede salvar. Lo peor es que en todas no se enseña bien el evangelio de salvación.
Lo que me motivo a desarrollar el tema con el que cual cierro este ciclo tan importante para mí, es la actitud de cerrarse frente a los errores relacionados con la enseñanza o la práctica de la voluntad de Dios. Es una invitación a que sean abiertos los ojos antes de que se tenga que desaparecer de esta tierra.
Dios perdone nuestros errores, reciba con agrado nuestras acciones de gracias y todo lo que ofrecemos ante Él; y jamás deje de ayudarnos a corregir o mejorar en cada uno de los día que nos quedan sobre esta tierra; o sea, antes de que tengamos que desaparecer.
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