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A lo largo de estos 10 años de reedición, LCC ha evolucionado notoriamente, experimentando una continua mejora en todos los sentidos. Al comparar los primeros ejemplares con los últimos, resulta evidente ver un gran crecimiento de esta obra, lo cual obedece a la aspiración a una revista perfecta.
Al decir que LCC ha mejorado considerablemente en todos los aspectos, no significa que los primeros ejemplares sean menospreciados. Para ilustrar mejor esta idea se puede mencionar que comenzó imprimiéndose con la ayuda de una matriz de puntos y una máquina de escribir, mientras que ahora se usa calidad de inyección y láser; su calidad de legibilidad no superaba a la de una vieja fotocopiadora, mientras que ahora se hace mediante máquinas de imprenta relativamente modernas; sus temas comenzaron siendo el resultado de personas que, aunque preparadas, han continuado perfeccionándose teológicamente.
En virtud de todo lo anterior, es normal encontrar enormes mejoras al comparar las ediciones antiguas con las recientes, siempre manteniéndose inalterable un aspecto: el deseo de enseñar la verdad de Dios y no la propia.
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